Aunque no es pariente de Abel y Héctor, que quedaron en la historia universitaria tucumana por sus importantes contribuciones, está al tanto del aporte del descubridor del yacimiento minero de Agua de Dionisio. Economista y presidente de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (I+D+i), que depende del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, Fernando Peirano vino a Tucumán para estrechar contacto directivos de la Estación Experimental “Obispo Colombres”, la Universidad San Pablo-T, la UNT y la Unión Industrial.

“La Experimental es una institución de una gran trayectoria, pero también con un presente muy sólido en permanente expansión. Estuvimos viendo las dificultades de la industria cítrica de la provincia, cómo la ciencia y la tecnología pueden contribuir a abrir nuevos horizontes, nuevas oportunidades para esta industria, todo lo que puede uno aprovechar de un producto tan noble, como el limón, cómo podemos ir más allá de los aceites, del jugo, cómo podemos incursionar en productos químicos, muchos de ellos que hoy se importan en el país y se importan producidos, a partir de materia prima argentina. Cómo podemos entonces darle más valor agregado a nuestra industria con la ciencia y la tecnología y también todo lo que tiene que ver con la industria asociada a la caña de azúcar. Todos los desarrollos que están llegando, en ambos casos, de la mano de una tecnología transversal, como es la biotecnología, donde Tucumán ha dado pruebas muy firmes de un dominio completo de este recurso tecnológico y cómo lo podemos entonces utilizar como motor para renovar la capacidad industrial para generar nuevos empleos”, explicó.

- ¿Cuantos proyectos tiene la agencia en Tucumán?

- Tiene 174 proyectos desplegados, la mayoría son de naturaleza de apoyo a la ciencia básica, muchos están en una institución clave como la Universidad Nacional de Tucumán, otros están desarrollándose en la misma Obispo Colombres, pero la agencia no sólo apoya a la ciencia, sino que también contribuye a la transformación de los resultados científicos en nuevas tecnologías, en nuevos productos, nuevos procesos, y ahí la importancia de la Experimental. Estamos viendo cómo evolucionan proyectos que venimos financiando en los últimos años. Estamos impulsando una convocatoria que va a involucrar $ 1.800 millones para que la industria de los alimentos en Argentina pueda atender los requerimientos del etiquetado frontal, estos octógonos que se presentan ahora en los envases de los alimentos procesados, octógonos, relacionados con el exceso de azúcares de grasa, sales y calorías. Estamos pensando de qué manera la caña puede ser una fuente también de endulzantes que tengan una mejor aceptación por parte de los consumidores, que vayan hacia un paradigma más saludable. Estamos expectantes que la Experimental junto con el Conicet, la universidad y la industria, elaboren propuestas que podamos evaluar positivamente y apoyar. Tenemos que hacer de la ciencia la llave para que nuestra industria de alimentos sustituya ingredientes, procesos, aproveche todos los residuos que hoy genera y también tenga envases inteligentes.

- ¿Hay alguna apuesta al desarrollo de los biocombustibles como el biodiesel para reemplazar todo lo que provenga de los fósiles?

- Este es un engranaje del Estado Nacional presente en todo el país que reúne hoy 9.000 proyectos, 6.000 son de ciencia y atrás de esos proyectos de ciencia, hay 30.000 investigadores, mil becarios, todos en marcha y financiados y de esos hay 6.000 en ciencia, 3.000 más ligados a la apuesta a vincular la ciencia con la producción. Son 1.700 las pymes que reciben apoyo de la agencia y hemos formado 138 nuevas empresas de base tecnológica en el último tiempo. Lo que estamos buscando es acentuar esto, con un rasgo federal. Por eso también estamos atentos al diálogo las autoridades provinciales porque Tucumán hoy podría tener muchísimas más empresas, participando de los apoyos que da la agencia, más empresas del sector metalúrgico porque hay todo un desafío en la transformación por la nanotecnología, por la llegada del software embebido que hace de los bienes de capital hoy también un motor de modernización. Tucumán tiene una inserción interesante y ahí vemos una oportunidad todavía no ha aprovechada. Vemos un sector pujante de empresas de software, hay un número interesante, ya una masa crítica en la provincia más de 40 funcionando que nosotros de alguna manera estamos contribuyendo, ya sea porque utilizan instrumentos de la agencia o porque utilizan recursos humanos formados en nuestro sistema científico tecnológico.  

- ¿Cuáles son los ejes estratégicos que se han fijado?

- Estamos buscando construir una agenda de desarrollo en sintonía con los lineamientos de la autoridad provincial, pero también en sintonía con nuestros cinco ejes estratégico: salud, alimentos, economía circular, transición energética y transición digital. Hacemos llamados específicos en estos ejes, lo hemos hecho en producción pública de medicamentos y un laboratorio público de la provincia de Tucumán ha recibido más de 60 millones ligados a la Universidad Nacional de Tucumán. Hemos hecho llamados en energía, litio, hidrógeno, energías renovables, así que gran parte del día de hoy dedicamos a ver estas apuestas por una caña de azúcar con más fibra para ser combustible en las calderas de los ingenios, estamos viendo cómo avanzan en la Obispo Colombres iniciativas que tienen que ver con aprovechar todo lo que es la bioeconomía, la biofábrica, así que en este llamado de alimentos saludables, queremos y esperamos que Tucumán tenga un protagonismo muy destacado

- El Banco Mundial aportará 280 millones de dólares para el desarrollo de la ciencia y tecnología en los próximos seis años, ¿cuál es el norte que se le va a dar a ese dinero?

- Así es, la agencia de I+D+i es un brazo ejecutor de la promoción, es decir de la inversión y de la generación de nuevas capacidades del Ministerio de Ciencia y Tecnología y opera en función de programas plurianuales. Estos programas, en este caso lo hemos acordado con el Banco Mundial, vamos a recibir 200 millones de dólares, el gobierno argentino va a sumar 80 millones, totaliza un programa a seis años con 280 millones de dólares de inversión y va a tener tres ejes centrales. Queremos crear nuevas capacidades con un perfil social. Queremos multiplicar las experiencias de las tecnotecas, que son instancias de encuentro entre saberes que muchos sectores populares vulnerables tienen, que son saberes no reconocidos, quizás por la Universidad, como son habilidades artísticas, habilidades en el campo de la cocina a veces y que las queremos organizar, certificar, que sea un lugar de inclusión desde el conocimiento y que muestre que el conocimiento transforma y es un vehículo de ascenso social. Vamos a invertir en mejorar la relación entre los resultados de la investigación y las autoridades regulatorias. Usted sabe que muchas veces la Anmat, el Senasa, la Conabia, en biotecnología, son instituciones que terminan siendo un dique a las puertas de estas instituciones. Hay una suerte de cementerio de buenas ideas que tienen todos los méritos científicos, pero no cumplen adecuadamente los estándares regulatorios, así que tenemos que empezar más temprano a pensar en las exigencias de la regulación, que la regulación actúe más rápido para validar estas ideas y sobre todo lograr que esta metamorfosis que es central en una estrategia de desarrollo que es la metamorfosis de pasar de la ciencia a la tecnología. Una Argentina sin tecnología no va a lograr una ciencia con impacto y sin una ciencia propia no vamos a tener una tecnología que nos abra la puerta a capturar los beneficios del cambio tecnológico.  

- ¿Aparte de la financiación qué más se necesita para impulsar la transformación?

- Hoy no bastan para apoyar toda esta transformación los subsidios o los créditos blandos, también necesitamos de otras herramientas, como es la inversión de riesgo. Queremos fomentar inversiones tempranas, capital semilla en nuevas empresas de base tecnológicas, en startups, y necesitamos ahí constituir una red institucional que nos permita identificar las oportunidades y darle no solo el financiamiento, sino también el apoyo para constituir una nueva empresa. Así que estamos trabajando con toda la red de instituciones que tiene el país en ciencia y tecnología; la agencia opera con 75 instituciones beneficiarias y es un momento interesante porque la microeconomía en Argentina está muy pujante. Es una microeconomía efervescente en ideas, hay inversión privada, hay iniciativas, nuevos actores en un país que tiene una macro, sin duda, en crisis. Es un país hoy que crea empleo en el sector tecnológico está creando empleo, esta economía del conocimiento es hoy una puerta de entrada a muchos jóvenes en el mercado laboral. En el último mes se confirmaron otros mil puestos de trabajo generados por el sector de las TICs. Como sabemos que internet es un motorizador de oportunidades de empresas y negocios, queremos que la nanotecnología, la biotecnología, que todo lo que podamos generar en nuevos materiales, sean en 10 o 15 años también fuertes motores, palancas de transformación, como hoy lo es todo el mundo digital.

- ¿Por qué somos un país con muchos recursos naturales con un pueblo pobre?

- Si nos comparamos con Australia Nueva Zelandia, con los países nórdicos, Canadá, Chile, no somos ricos en recursos naturales, pero tenemos una ventaja: nuestra propuesta de desarrollo, nuestro camino al desarrollo no va a estar limitado por la falta de estas piezas claves, la materia prima esencial, como puede ser la energía, los alimentos, el agua, un territorio fértil. Pero con eso no alcanza, para hacer una sociedad próspera, hay que sumarle un trabajo con productividad y eso lo da el conocimiento. Por eso tenemos que ensamblar estos tres elementos: recursos naturales, producción y conocimiento.